Wednesday, January 28, 2009

Nacer

Me gustaría realizar un experimento con esta magnifica música. Consiste en ponerle banda sonora a mis historias, a mis escritos.
Leer y oír a la vez. Sumergirse en una historia y en una bella música a la vez. Para conseguirlo, debes leer pausadamente, respetando los tiempos, las pausas, saboreando las palabras, alimentadoras con las notas.



video



En medio de un frondoso bosque se formo una pequeña bruma, primero suave, mecida por el viento, después, más densa, tanto que poco a poco fue tomando forma, fue tomando vida.



Nada lo perturbaba, ni el helado frio, ni algún curioso animal, ni el miedo o la premura… el tiempo o la prisa.



Cuando fue un denso ser vivo de humo, uniforme, sobre el suelo de esa nada, se agitó.



Y de ella, como con miedo, pero ni con determinación, una pequeña mano se alzo de su interior, lentamente, con un movimiento grácil y bello.



Se estiró como queriendo tocar el cielo, parecía tener prisa por sentir.



A la mano le siguió un brazo y después el resto del cuerpo de un joven desnudo. Se alzo sobre la bruma y esta, tan pausadamente como había llegado, se fue.



El joven se irguió con dificultad primero, dando pequeños pasos, inseguros, temerosos, cayendo al suelo, levantándose de nuevo.



Consiguió andar, aprendió y supo que también podía correr, y así, corriendo recorrió el lugar, dando vueltas y vueltas, saltando, brincando.



Algo lo detuvo, fue un pájaro, en un árbol, el primer ser vivo como el que veían sus ojos… y al estar allí contemplándolo, algo de su mismo cuerpo le sorprendió. Su respiración.



Sintió frio, y le gusto. Sintió la hierba sobre sus pies y le gusto.



El agua del rio fue una delicia, la fruta una maravilla. Todo lo asimilaba con deseo, con avaricia sana de que desea llenar su cabeza de miles de sensaciones…



Y cuando estuvo lleno, corrió de nuevo, girando, girando como un loco, alborotando a todo animal que lo mirase extrañado…



Giró y bailo iluminado por el solo de un atardecer tan bello como su danza.



Giró, giró y giró.



Piruetas increíbles levantando pequeños segmentos de hierba, que curiosas, saltaban junto a él.



Giró, giró y giró.



Giró, giró y giró.



Y al frenar, al parar, la luz se nublo y le sobrevino la lluvia. Estridente, ruidosa.



Corrió a refugiarse en la bruma, la cual se formo de nuevo junto a él para darle cobijo. Para amarle de nuevo.

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