Nunca se acaba. Nunca hay final, es una sucesión infinita de cambios

“Mira que te lo advertí
Que te metes con quien no sabes
Ya te habrás dado cuenta amor
Que yo no hago cosas normales
Ven que no voy a cambiarte
Ni tu vida será otra
Yo te invito a este lugar
Donde el amor no se equivoca”
En la planta de tus pies
Alejandro Sanz
De repente la acampada se convirtió en una pesadilla. A el no le gustaba el campo, lo odiaba. Aun, después de haber pasado en aquella montaña dos noches. Aun no entendía como sus amigos lo habían convencido para que los acompañara. No sabia andar entre esas rocas, mohosas y afiladas. Su cuerpo no estaba preparado para toda la fauna autóctona que al verlo y sentirse amenazada, lo atacaban sin cesar, picándole, mordiéndole. Luego estaba el frío de las noches, las caminatas con esas zapatillas que le habían costado un ojo de la cara y que hacia horas habían abandonado la idea de seguir sufriendo, y suicidándose, se habían abierto en canal. No sabía pescar ni sabia jugar a las cartas con la mínima luz de una hoguera o de una lámpara de gas. Definitivamente no estaba preparado. Y aun así, allí estaba, lejos del estrés, lejos del tráfico, lejos de la oficina y lejos de su última ex, justo quince días después de que pudiera ostentar ese rango. Lo cierto es que aquellos parajes tan bellos (lo único bueno que tenia el campo para el) le apaciguaban y le hacia pensar en ella, lo ponían cursi y melancólico (aunque esto jamás lo admitiría). Justo pensaba en ello, en que tal vez aquella excursión tendría su parte buena y que le permitiría aclarar su mente y su vida, cuando se perdió.
Fue al levantar la cabeza al decidir que ya tenia bastante leña para la fogata. Había pensado que aquello, aunque en mitad de la noche, seria tarea fácil. Solo había que rodear el campamento y ya esta. Pero ahora tal suposición se había esfumado, en vez de en círculos su recorrido había sido prácticamente en línea recta, por que del campamento, ni rastro.
Dejo caer la leña y soltó una retahíla de tacos. Al menos podía avanzar, porque la luz de la luna llena le permitía ver el bosque a su alrededor, un bosque plateado y desierto de ruidos. No cantaba ningún animal, ningún grillo intentaba llamar la atención de alguna hembra, nada. Le extraño, pero pensó que seria como la gran vía a las cuatro de la mañana, ni un alma, ni un ruido. Aun no había aprendido que el campo no duerme del todo jamás, si no es por una muy buena razón.
Se puso a andar siguiendo lo que parecían sus pasos, dudando de que lo fueran pero seguro de que no se iba a quedar quieto o dormido en el suelo hasta que amaneciera. Estaba perdido, pero no se encontraría muy lejos de las tiendas de campaña, tan solo había estado recogiendo leña durante… ¿veinte minutos?... no lo sabia, no tenia ni idea del tiempo que había pasado mientras se comía la cabeza con sus cosas.
- Y el móvil en la tienda de campaña… - y como si hablara de tu a tu con el propio bosque le increpo – ¡de todas maneras no tienes cobertura!
Y de repente el camino se ilumino, inundando de color el bosque. Lo primero que pensó fue que alguno de sus compañeros, al ver que no aparecía, había salido a buscarlo con uno de los coches. Pero cuando se giro esa idea no le convenció del todo. A unos metros de el se encontró con una luz demasiado grande para ser de cualquier coche. Permaneció quieto, y no se movió, no por que no quisiera (pensó que algún gran coche deseaba pasar y el lo estorbaba) fue por que no podía. No podía moverse. Era como haberse quedado dentro de una gran armadura medieval súper pesada y no poder levantarse, no poder moverse. Sentía un ligero calor, notaba como cada uno de sus sentidos le convencía de que estaba allí, en medio del bosque, con algún maniaco psicópata frente a el, que algo le habría hecho para estar en ese estado. Sus odios comenzaron a pitarle y a dolerle, un pitido agudo que lo taladraba.
Y de repente la luz se esfumo, la oscuridad fue devuelta al bosque y el pudo agacharse y taparse los oídos, donde ya no había dolor pero si un insistente latido de su propio corazón jadeante. Aunque lo pensó, eso no había sido un sueño. El paraje, tanto el suelo como los árboles estaban negros, quemados. Una negrura no causada por la penumbra de la noche. Su tono negruzco no lo evitaba la luz de la luna que iluminaba todo lo demás. Fue un acto reflejo, o sus viviendas frente a la tele de pequeño, pero a la vez que su estomago se revolvía junto a un pequeño mareo, miro al cielo.
- ¿Que coño buscas estupido? – se dijo incorporándose y retomando el camino.
Pero fue al agachar la cabeza cuando vio a esa estrella moverse. No era una estrella fugaz, por que cuando volvió a mirar estaba de nuevo quieta. Segundos después se movió de nuevo. Arriba, abajo, otra vez arriba… y antes de que pudiera echar a correr, sin verlo siquiera aquella luz volvió a bajar y a posarse delante, cortándole el paso. Para el fue un fogonazo, un abrir y cerrar los de ojos y ya la tenia delante. No se movió, porque estaba convencido que aquello no era un coche y por que no estaba seguro de que correr fuera lo más acertado, claro que quedarse tampoco lo seria.
Esa vez la luz no lo paralizó y como intentando que no se notara se inclino un poco y cojio un par de piedras y aunque de repente los agudos pitidos volvieron, no las soltó. Fue extraño pero parecía como si en su cabeza fuera una gran estación de radio buscando la emisora deseada, navegando en medio de palabras atropelladas. Cuando se estabilizo estuvo apunto de sufrir un infarto, por que esa luz le hablo.
- No te sientas amenazado – oyó en su mente y fue como un pensamiento propio, pero con otra voz que no era la suya – no te causare daño, puedes dejar ese mineral.
- ¿Que…? - balbuceo
- Tranquilízate – la voz era relajada, sin timbre ni entonación, parecía una maquina.
Y como sujeto a una droga o a una inmensa seguridad de que esa voz decía la verdad soltó la piedra. Su mente estaba invadida, pero el invadía la de la luz, veía cosas que no entendía y pensaba cosas que no podía comprender, era muy extraño, pero aun así, sabia que estaba a salvo.
- Siento el examen al que has sido expuesto.
- ¿Examen?
- La inmovilidad, las nauseas. Son efectos secundarios del escáner que te he realizado para comprender que no eres una amenaza para mí, y para comprobar que tu organismo no sufriría daño alguno si me ponía en contacto. El agudo sonido de tus aparatos auditivos era preciso para comprender tu lenguaje y poder comunicarme.
- ¿Que… quien eres? – con algo de miedo se cubrió los ojos para intentar ver a través de la luz.
- Disculpa – entonces la luz rebajo su intensidad y una esfera suspendida en el aire a unos centímetros del suelo comienzo a tomar forma – vengo de muy lejos y mi nombre... no sabrías pronunciarlo.
Y lo vio. Un ser mas alto que el, como de dos metros y medio, con grandes manos y largos brazos. Vestido con un mono plateado y con una cabeza enorme cubierta con un gran casco. Sus ojos eran grandes, carecía de boca y de nariz u oídos. Su piel era blanquecina, sin arrugas, ni facciones, ni pelo.
Era como… los habían descrito, como los había dibujado algún pirado, como el los llamaba. Si todo eso no era una pesadilla, claro.
- Debes tranquilizarte – le dijo el individuo – tus constantes vitales no se han normalizado.
- ¿No me digas? – su voz temblaba
- No comprendo.
- ¿Que quieres… de mi? - se sintió entupido preguntando
- Llevarte con migo.
- ¿Cómo? – ahora si que su corazón y su pulso se aceleraron.
- No te llevare en contra de tu voluntad. Tu decides venir con migo.
- ¿Me vas a hipnotizar o algo así?
- No comprendo “hipnotizar”
- Me refiero a que…
- No te gusta tu vida, no eres diferente al resto.
- ¿Como?
- Lo se. Lo vi en tu examen y puedo leerlo en tu cerebro. No estas tranquilo, tienes algún problema intestinal debido seguramente a lo que llamáis estrés. Tu cuerpo no descansa bien, sufres un cuadro de insomnio y no eres feliz.
- Pero - era cierto, lo de la úlcera, lo del insomnio y todo lo demas - ahora resulta que un ser de otro mundo me dice que no soy un infeliz… manda huevos…
- No entiendo…
- ¿No conocerás a mi madre no?
- Debes ser mas claro en tu lenguaje, hay conceptos que no comprendo.
- Vaya perdona, es mi primera conversación con un extraterrestre - susurro
En ese instante el ser dio un par de pasos y se acerco.
- ¡No, no te acerques!
- Lo siento – dijo parándose en seco – no he realizado misiones de acompañamiento en las que basar mi comportamiento.
- ¿Que?
- Es la primera vez que utilizo un borde dimensional, hay un tratamiento estandar, pero no suele ser efectuado.
- No entiendo nada – dijo sentándose en una piedra cercana.
Tras un momento de silencio el individuo volvió a hablar. Como intentando procesar su pensamiento y traducirlo a la comprensión humana.
- Cada individuo de nuestra comunidad realiza diferentes directrices al entrar en contacto con el acompañante.
- Yo soy el acompañante, ¿no?
- Exacto. La mayoría no oponen resistencia. Y la mayoría vienen en el primer encuentro.
- ¿Y que ocurre si no se van con tigo, les obligáis? – dijo temblando. Pensó que si la respuesta era si, correría mas que en toda su vida.
- No, nunca.
- ¿Entonces?
- A veces regresamos y a veces no volvemos a intentarlo.
- ¿De que depende?
- Son algoritmos de tiempo y fracciones de… - pensó un momento mirándolo – lo siento no lo comprenderías
- Mejor, me duele la cabeza.
- Es un efecto secundario del examen, lo siento.
- Deja de decir lo siento, por favor…
- Creía que era la forma mas común de disculpa entre vosotros - dijo quedándose mudo unos segundos – ¿vendrás con migo?
- ¿Pero, por que no cambio de vida o me compro un perro, por que tengo que dejarlo todo para ir con tigo para conseguir... ser feliz?
- Es vuestra principal directriz, pero inconscientemente la ignoráis continuamente, aunque os pertenezca por naturaleza.
Fue al levantar la cabeza al decidir que ya tenia bastante leña para la fogata. Había pensado que aquello, aunque en mitad de la noche, seria tarea fácil. Solo había que rodear el campamento y ya esta. Pero ahora tal suposición se había esfumado, en vez de en círculos su recorrido había sido prácticamente en línea recta, por que del campamento, ni rastro.
Dejo caer la leña y soltó una retahíla de tacos. Al menos podía avanzar, porque la luz de la luna llena le permitía ver el bosque a su alrededor, un bosque plateado y desierto de ruidos. No cantaba ningún animal, ningún grillo intentaba llamar la atención de alguna hembra, nada. Le extraño, pero pensó que seria como la gran vía a las cuatro de la mañana, ni un alma, ni un ruido. Aun no había aprendido que el campo no duerme del todo jamás, si no es por una muy buena razón.
Se puso a andar siguiendo lo que parecían sus pasos, dudando de que lo fueran pero seguro de que no se iba a quedar quieto o dormido en el suelo hasta que amaneciera. Estaba perdido, pero no se encontraría muy lejos de las tiendas de campaña, tan solo había estado recogiendo leña durante… ¿veinte minutos?... no lo sabia, no tenia ni idea del tiempo que había pasado mientras se comía la cabeza con sus cosas.
- Y el móvil en la tienda de campaña… - y como si hablara de tu a tu con el propio bosque le increpo – ¡de todas maneras no tienes cobertura!
Y de repente el camino se ilumino, inundando de color el bosque. Lo primero que pensó fue que alguno de sus compañeros, al ver que no aparecía, había salido a buscarlo con uno de los coches. Pero cuando se giro esa idea no le convenció del todo. A unos metros de el se encontró con una luz demasiado grande para ser de cualquier coche. Permaneció quieto, y no se movió, no por que no quisiera (pensó que algún gran coche deseaba pasar y el lo estorbaba) fue por que no podía. No podía moverse. Era como haberse quedado dentro de una gran armadura medieval súper pesada y no poder levantarse, no poder moverse. Sentía un ligero calor, notaba como cada uno de sus sentidos le convencía de que estaba allí, en medio del bosque, con algún maniaco psicópata frente a el, que algo le habría hecho para estar en ese estado. Sus odios comenzaron a pitarle y a dolerle, un pitido agudo que lo taladraba.
Y de repente la luz se esfumo, la oscuridad fue devuelta al bosque y el pudo agacharse y taparse los oídos, donde ya no había dolor pero si un insistente latido de su propio corazón jadeante. Aunque lo pensó, eso no había sido un sueño. El paraje, tanto el suelo como los árboles estaban negros, quemados. Una negrura no causada por la penumbra de la noche. Su tono negruzco no lo evitaba la luz de la luna que iluminaba todo lo demás. Fue un acto reflejo, o sus viviendas frente a la tele de pequeño, pero a la vez que su estomago se revolvía junto a un pequeño mareo, miro al cielo.
- ¿Que coño buscas estupido? – se dijo incorporándose y retomando el camino.
Pero fue al agachar la cabeza cuando vio a esa estrella moverse. No era una estrella fugaz, por que cuando volvió a mirar estaba de nuevo quieta. Segundos después se movió de nuevo. Arriba, abajo, otra vez arriba… y antes de que pudiera echar a correr, sin verlo siquiera aquella luz volvió a bajar y a posarse delante, cortándole el paso. Para el fue un fogonazo, un abrir y cerrar los de ojos y ya la tenia delante. No se movió, porque estaba convencido que aquello no era un coche y por que no estaba seguro de que correr fuera lo más acertado, claro que quedarse tampoco lo seria.
Esa vez la luz no lo paralizó y como intentando que no se notara se inclino un poco y cojio un par de piedras y aunque de repente los agudos pitidos volvieron, no las soltó. Fue extraño pero parecía como si en su cabeza fuera una gran estación de radio buscando la emisora deseada, navegando en medio de palabras atropelladas. Cuando se estabilizo estuvo apunto de sufrir un infarto, por que esa luz le hablo.
- No te sientas amenazado – oyó en su mente y fue como un pensamiento propio, pero con otra voz que no era la suya – no te causare daño, puedes dejar ese mineral.
- ¿Que…? - balbuceo
- Tranquilízate – la voz era relajada, sin timbre ni entonación, parecía una maquina.
Y como sujeto a una droga o a una inmensa seguridad de que esa voz decía la verdad soltó la piedra. Su mente estaba invadida, pero el invadía la de la luz, veía cosas que no entendía y pensaba cosas que no podía comprender, era muy extraño, pero aun así, sabia que estaba a salvo.
- Siento el examen al que has sido expuesto.
- ¿Examen?
- La inmovilidad, las nauseas. Son efectos secundarios del escáner que te he realizado para comprender que no eres una amenaza para mí, y para comprobar que tu organismo no sufriría daño alguno si me ponía en contacto. El agudo sonido de tus aparatos auditivos era preciso para comprender tu lenguaje y poder comunicarme.
- ¿Que… quien eres? – con algo de miedo se cubrió los ojos para intentar ver a través de la luz.
- Disculpa – entonces la luz rebajo su intensidad y una esfera suspendida en el aire a unos centímetros del suelo comienzo a tomar forma – vengo de muy lejos y mi nombre... no sabrías pronunciarlo.
Y lo vio. Un ser mas alto que el, como de dos metros y medio, con grandes manos y largos brazos. Vestido con un mono plateado y con una cabeza enorme cubierta con un gran casco. Sus ojos eran grandes, carecía de boca y de nariz u oídos. Su piel era blanquecina, sin arrugas, ni facciones, ni pelo.
Era como… los habían descrito, como los había dibujado algún pirado, como el los llamaba. Si todo eso no era una pesadilla, claro.
- Debes tranquilizarte – le dijo el individuo – tus constantes vitales no se han normalizado.
- ¿No me digas? – su voz temblaba
- No comprendo.
- ¿Que quieres… de mi? - se sintió entupido preguntando
- Llevarte con migo.
- ¿Cómo? – ahora si que su corazón y su pulso se aceleraron.
- No te llevare en contra de tu voluntad. Tu decides venir con migo.
- ¿Me vas a hipnotizar o algo así?
- No comprendo “hipnotizar”
- Me refiero a que…
- No te gusta tu vida, no eres diferente al resto.
- ¿Como?
- Lo se. Lo vi en tu examen y puedo leerlo en tu cerebro. No estas tranquilo, tienes algún problema intestinal debido seguramente a lo que llamáis estrés. Tu cuerpo no descansa bien, sufres un cuadro de insomnio y no eres feliz.
- Pero - era cierto, lo de la úlcera, lo del insomnio y todo lo demas - ahora resulta que un ser de otro mundo me dice que no soy un infeliz… manda huevos…
- No entiendo…
- ¿No conocerás a mi madre no?
- Debes ser mas claro en tu lenguaje, hay conceptos que no comprendo.
- Vaya perdona, es mi primera conversación con un extraterrestre - susurro
En ese instante el ser dio un par de pasos y se acerco.
- ¡No, no te acerques!
- Lo siento – dijo parándose en seco – no he realizado misiones de acompañamiento en las que basar mi comportamiento.
- ¿Que?
- Es la primera vez que utilizo un borde dimensional, hay un tratamiento estandar, pero no suele ser efectuado.
- No entiendo nada – dijo sentándose en una piedra cercana.
Tras un momento de silencio el individuo volvió a hablar. Como intentando procesar su pensamiento y traducirlo a la comprensión humana.
- Cada individuo de nuestra comunidad realiza diferentes directrices al entrar en contacto con el acompañante.
- Yo soy el acompañante, ¿no?
- Exacto. La mayoría no oponen resistencia. Y la mayoría vienen en el primer encuentro.
- ¿Y que ocurre si no se van con tigo, les obligáis? – dijo temblando. Pensó que si la respuesta era si, correría mas que en toda su vida.
- No, nunca.
- ¿Entonces?
- A veces regresamos y a veces no volvemos a intentarlo.
- ¿De que depende?
- Son algoritmos de tiempo y fracciones de… - pensó un momento mirándolo – lo siento no lo comprenderías
- Mejor, me duele la cabeza.
- Es un efecto secundario del examen, lo siento.
- Deja de decir lo siento, por favor…
- Creía que era la forma mas común de disculpa entre vosotros - dijo quedándose mudo unos segundos – ¿vendrás con migo?
- ¿Pero, por que no cambio de vida o me compro un perro, por que tengo que dejarlo todo para ir con tigo para conseguir... ser feliz?
- Es vuestra principal directriz, pero inconscientemente la ignoráis continuamente, aunque os pertenezca por naturaleza.
- ¿Qué?, jamás e deseado cruzar el universo en compañía de un… de un…
- Viajante.
- Suena ridículo.
- No comprendo ridículo.
Sentado en la piedra no pudo más que cubrirse la cara con las manos y presionar, deseaba despertar y que saliera el sol. Que acabara ese martilleo. Coger el coche y volver a su casa, aprovechar el resto de vacaciones para dormir. Aquello era del todo surrealista.
Al volver a mirar, aquel ser aun permanecía en el mismo lugar, inmóvil, observando y esperando. Aquello era real y ese, lo que fuera, podría permanecer allí durante milenios, parecía no tener prisa.
- ¿Y por que debería fiarme de ti? – dijo al fin
- No comprendo “fiarme” – pronuncio como si de un ordenador de inteligencia artificial se tratase.
- ¿Como puedo saber que no me causaras ningún mal? – pronuncio lentamente como si aquel ser fuera un niño y tuviera que elegir las palabras con precisión – ¿que no experimentaras con migo o algo peor?
- Por que no miento.
- No suena muy convincente - sonrió
- Buscáis respuestas de un modo erróneo. Razonáis desde un punto de vista terrícola, humano – explico con una cómoda fluidez – Y el ejemplo mas claro esta en la naturaleza que convive con vosotros. Los insectos que habitan este bosque, por ejemplo no se harían daño entre ellos jamás, conviven con la ausencia del mal. Como yo
- ¿Y por que nos atacan?
- No confundas maldad con supervivencia – era extraño pero no se movía, no gesticulaba, no necesitaba cambiar de posición – provengo de una raza distinta a la tuya, una de las millones y millones de razas que habitan la galaxia. Todos son diferentes y les mueven razones distintas. En mi comunidad nacemos de una única hembra, todos somos hermanos, por lo que no tenemos conciencia de familia. Al no existir la paridad ni la necesidad de formar un grupo familiar, no hay necesidad, ni de protección del grupo, ni de supervivencia de la prole. Somos incapaces de hacernos daño unos a otros.
- Si existe el bien debe existir el mal. Es una ley física – al final tanto documental va a servir de algo, pensó.
- Error. Esos estudios o documentales, como tu les llamas – la cara de sorpresa del joven fue notable – son realizados por humanos para humanos. Ninguno de vuestros científicos le pregunta a algún otro mamífero del reino animal y por supuesto a ningún ser de otro mundo. Su naturaleza no es la única, por lo que realizan ese estudio de una forma incompleta y con una total falta de datos. Son eso si, leyes que describen exactamente a los humanos, pero únicamente a ellos. En vuestra sociedad existe el concepto de propiedad, ya sea hacia otro ser humano o hacia un bien preciado y la necesidad de proteger esa propiedad. Esto se convierte en una ecuación a la que se van sumando los niveles de riquezas y la necesidad de poder. El resultado son, entre otras cosas, los conflictos. La maldad
- ¿Entonces no tenéis guerras?
- Carecemos de poder personal y por lo tanto no podemos necesitar tener algún bien ajeno. Podemos ser atacados, pero siempre es desde el exterior y nos protegemos como grupo.
- ¿Hay otros seres, menos…. buenos?
- Les mueven razones distintas, si fuerais atacados por ellos seriáis vistos como comida o como amenaza, nunca como un semejante. Pero en ese término debéis estar tranquilos.
- ¿Y eso por que?
- Algunos pueblos, sienten cariño hacia la tierra, por eso os vigilan, os protegen y en ocasiones, como en esta, os invitan a venir.
- ¿Pero, por que a mi? – pregunto levantándose, sin comprender aun los motivos de esa extraña invitación – por que no a un científico o a una mujer que pudiera tener familia, por que…
- No intentes comprender las razones, no podrías. La elección se basa en algoritmos matemáticos. Fracciones de tiempo, variaciones…
- Si, si… – le corto
- No se os lleva por que seas hombre o mujer. Nosotros no le damos importancia a ese concepto, si me acompañas alcanzaras un estadio diferente.
- ¿Dejare de ser…? – no supo como acabar la frase.
- No dejaras de ser. Tu cuerpo será el mismo, tu mente es lo que cambiara. Tendrá otra clase de prioridades.
- ¿Y si todo es tan perfecto y tan bonito, por que no os lleváis a todos, por que elegís?
- Sois un pueblo altamente notable. Habéis conseguido hacer grandes cosas en muy poco tiempo. Pero aun sois jóvenes. Por eso despertáis curiosidad, tanta como cuando vosotros investigáis de donde venís, que les ocurrió a los que estuvieron antes que vosotros. Aun os queda mucho por recorrer.
- Me he vuelto a perder – susurro cansado.
- El tiempo no existe tal y como vosotros lo contabilizáis. Es un invento útil, para vuestro modo de vida. Pero si vienes con migo dejara de tener sentido. Nosotros no tenemos miedo al final, a “morir”, eso no existe. Nuestra vida no es un viaje contra el tiempo. Crecemos, envejecemos, como cualquier ser vivo, pero el tiempo es infinito. Nunca hay final. Es una sucesión infinita de cambios. Si os lleváramos de forma masiva no lo entenderíais, se desataría el caos. Tenéis que madurar, comprender que el progreso no solo es científico y social, también lo es mental. Es como si tú le contaras a un hombre que vivía en tu pasado, hace quinientos años, que ahora, en un mismo pueblo convive gente de miles de razas distintas, en igualdad de condiciones. No lo entendería. Ahora habéis evolucionado en ese punto, pero la sociedad actual es incapaz de comprender que a la vida, la mueve la vida. Nada más.
- Me duele la cabeza. Bastante… ¿no podríamos dejar esto para otro día? - sonrió
- No, no es posible. Siento que esta conversación te produzca cefalea. Es inevitable que te ocurra al comunicarnos de este modo. No debemos continuar, debes decidir. Debo irme.
- Me pides que deje todo por… un cambio tan drástico. Solo por que no soy feliz… y mi vida es una mierda – se acerco y le miro a los ojos. Negros y enormes - ¿Cómo será, si te acompaño?
- Igual que ahora, pero te sentirás diferente. Tu cuerpo y tú mente ya lo ha experimentado otras veces.
- No te entiendo.
- ¿Fuiste en alguna ocasion feliz, dichoso?
- Si, imagino...
- Multiplica esa sensación infinitamente y réstale las preocupaciones, el dolor y la mentira. La maldad y la duda. La desconfianza y la codicia.
- Me pides algo que no puedo hacer, no puedo evitar desconfiar, soy humano. Tu mismo lo has dicho.
Entonces aquel Viajante cerró los ojos y se concentro, o por lo menos es lo que parecía, por que durante unos segundos así permaneció. El joven no sabía que hacer, que le pasaba al Viajante. Un poco mareado por permanecer de pie decidió volver a sentarse, pero de repente algo que no puedo definir lo sacudió, no fue físico ni fue mental, pero tampoco podía asegurarlo. Fue un par de segundos que duraron horas. Durante ese corto espacio de tiempo su piel se erizo y tuvo frío y calor al mismo tiempo. Sintió como si naciera estando vivo y le pareció recordar cada momento de felicidad que, a lo largo de su vida, había sentido… esos momentos que duran tan poco, que luego la monótona vida se ocupa de borrar. Pero allí, frente a ese extraño, esa sensación se expandió y creció, abarco su corazón y cada fibra de su cuerpo. Abarco el bosque y todo el planeta y siguió y siguió, más y más. Y el universo entero no tuvo final para la felicidad que sintió. Y todas las estrellas de unieron en un mismo punto y explotaron formando una luz tan inmensa que, aunque le cegó por completo, no dejo de mirar.
Y en un suspiro se fue. Y lo añoro y lo quiso.
Callo al suelo temblando. Sintió hielo en sus ojos, pero no era más que la humedad del bosque al contacto de sus lágrimas. Fue lo único que se movió en ese bosque, por que su cuerpo estaba petrificado, casi ni respiraba.
Sorprendido y avergonzado se levanto sorbiéndose con la manga de la camisa.
- Tus constantes están algo alteradas. Relájate.
- Estoy bien… - consiguió decir – ¿que ha sido eso?
- Lo que sentirás si me acompañas - se giro y con su gran mano le invito a entrar en la esfera – pero debe ser ahora.
Sin embargo sitio miedo. Miedo a cambiar, miedo a ser diferente. Miedo a que aquello no fuera real. Pudo más su condición humana y dijo no.
- No puedo asegurar que vuelva - no obtuvo respuesta de aquel humano cabizbajo que reprimía sus impulsos de llorar – es tu decisión – su largo cuerpo realizo una reverencia a modo de despedida – saludos Terrícola.
La luz creció en intensidad y en un segundo lo cegó y se elevo despareciendo, mimetizándose con las estrellas. De repente los sonidos característicos del bosque volvieron, y todo fue normal. O casi todo.
No tardo en encontrar el campamento y en comprobar, casi sin sorpresa, que solo había estado perdido unos veinte minutos.
Volvió a la ciudad y volvió a su vida, a su oficina y a sus ex novias. Pasaron los años y se convenció de que, aunque dijo no, su vida era perfecta. Acabo casándose. Envejeció y tuvo hijos, nietos, momentos de inmensa felicidad.
Pero cada año, justo en esos días de agosto, volvía al bosque. Como un aniversario del que era incapaz de olvidarse, esa noche la pasaba en vela, sentado en la misma piedra, rodeado por los mismos arboles ligeramente quemados. Nadie supo nunca por que lo hacia, cual era el motivo de viajar a ese punto del bosque. Se sentaba y esperaba que la luz volviese.
Sentir de nuevo aquel amor infinito. Acompañar al Viajante.
Esperaba una segunda oportunidad, que nunca llego.

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