Tuesday, January 02, 2007

El Lienzo Blanco


"Si tuve miedo perdóname
estaba asustado
Rozaste mis ojos con alas de ángel, llenas de amor
de la manera que hace llorar a los demonios"

You have been loved

George Michael


Por fin el día había llegado. Su obra estaba acabada. Su cuadro más fantástico y hermoso, después de tantos años trabando sin cesar, estaba terminado. Varios años de su vida eran el pago por crear aquella hermosa obra.
No era un dibujante de renombre, no era un pintor famoso. Había cometido errores, pasado por malas épocas, y tal vez no estuviera bien, ni que se ilusionara con el posible éxito, ni que el mismo ensalzara su trabajo. Eso era tarea del público, era trabajo de los críticos.
Ningún amigo, ni familiar, ni mente a la que sugerir o preguntar acerca de dudas buscando criticas, había puesto los ojos en su obra, el transcurso de los años en los que estuvo inmerso en ella. Tal privilegio solo era suyo y de su ingenio. Pero ahora había llegado el momento de mostrar esa belleza.
Decidió colgar el mismo su cuadro en la galería, antes de que esta abriera al publico, y mas tarde se coló entre la gente. Su idea consistía en que nadie debía reconocerlo, por ello no invito a ningún familiar ni amigo. El director de la galería tardaría un par de horas en encontrarlo, si acababa haciéndolo, con la multitud de gente que llegaría a observar cientos de cuadros de autores noveles. Así el podría observar la cara de quienes se detuvieran frente a su obra.
Y espero. Pero nadie se detuvo, nadie se paro frente a su cuadro. Todos pasaban de largo, obviando aquel trazo, aquella manera sublime de mezclar los colores, como almas que bailan en perfecta armonía.
Decidió parar a un hombre que pasaba, detenerlo y preguntarle por ese cuadro, por su cuadro.

- ¿Qué que me parece? – bufó – una burda, una farsa – acabo gritando – ¡atenta a nuestra inteligencia!

- Pero… - consiguió decir el pintor

- ¿Cómo se atreven a colgar un cuadro así?, con la cantidad de buenas obras, que hay expuestas en esta sala, ¡que broma pesada es la de colgar un cuadro en blanco!

- En… ¿blanco?

No pudo retener a aquel hombre, que marcho enfurecido preguntando a todo el mundo donde estaba el director de la galería. Paro a dos o tres personas mas, una mujer mayor, envuelta en pieles, un joven estudiante con sus apuntes, todos con idéntico enfado, todos con igual desconcierto y baga ceguera, por que, ¿cono ver los demás cuadros y no el suyo? ¡El suyo era el más hermoso!... además lo había pintado para todos ellos, lo había creado para compartirlo con el mundo… había querido expresar todo lo que era, todo lo que existía dentro de su corazón había recorrido su mano desde su imaginación hasta su pincel, y de allí saltado al lienzo, que ahora se vestía desnudo frente a ojos ajenos…
Se sentó frente a su obra y cabizbajo permaneció mudo. La gente fue pasando y poco a poco, abandonando el local. Lloro cuando estuvo solo y lo hizo en silencio.
Unos pasos sonaron detrás y avergonzado se limpio el rostro. La figura que se acerco, una joven dama que no le presto atención. Estaban a punto de cerrar, el resto de la galería ya casi estaba desierta. La joven se acerco al cuadro, pasando junto al pintor, sin ni siquiera verlo. Toda su atención, todo su mundo, se centraba en el lienzo en blanco.
Pero, ¿Cómo era posible? Nadie lo había visto, nadie hasta ahora se había fijado. Nervioso pero con cautela, el pintor se adelanto y se coloco de forma que pudiera observar el rostro de la joven. Ella siguió sin prestarle atención, su cara, en esa sala, en esa galería de luces tenues, estaba iluminada. Su rostro brillaba de emoción.
Si frágil y lánguido brazo se alzo para rozar el lienzo, con un tacto suave, casi como si sus dedos susurraran tocar. Su barbilla tembló, quiso hablar, pero su voz estaba pendiente también, como casi todos sus sentidos que aquella armonía. Sus ojos brillaban, cada vez más, cada vez con más intensidad hasta que un parpadeo, los desbordo y lloro con infinita sinceridad.

- Es como… - alcanzo a decir – si todos y cada uno de mis demonios alzaran el vuelo asustados, ante esta belleza. Perdona, por no… ver…

El pintor la miraba con la boca abierta, tan quieto que pudiera haber pasado por un cuadro mas de aquella pared. Al notarse húmeda la cara se dio cuenta de que también lloraba.
La joven se llevo la mano a la boca y fue entonces cuando se desvaneció. Suerte tuvo que el pintor la agarro al vuelo y evito que se desplomara contra el suelo. Asustado la sentó e intento reanimar como puedo, ella, con ese brillo ya ausente, se despertó desconcertada.

- ¿Qué a ocurrido, quien es usted? – su pelo alborotado se resistía a volver a su lugar.

- Un pintor, señorita – sonrió - usted admiraba ese cuadro, mi cuadro y se desmayo, tampoco se muy bien que a pasado.

- ¿Ese cuadro? – dijo ruborizada – pero si ese lienzo esta en blanco… ¿como pudo haber pasado tal cosa?

El pintor, perplejo, ayudo a la joven a ponerse en pie y luego esta, aun mareada, decidió marcharse. Era tarde, cerraban.

El pintor, solo de nuevo, observo su obra, mudo. Su cuadro había sido visto, por un instante, solo un instante… pero aquella mujer había sentido, la emoción se había apoderado de ella. Su corazón rendido ante la luz, ante el calor de lo perfecto y de lo imperfecto, había confiado en lo desconocido y había decidido dejarse llevar. Un sentimiento demasiado fuerte, con demasiadas dudas… pero… si un alma había visto la vida de aquel lienzo, si una de ellas, desprovista de defensas y totalmente expuesta se había dejado llevar, no cabía duda de que muchas más lo harían.
No cabía la menor duda.

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