Monday, October 09, 2006

el Beso que faltaba

El cielo esta nublado, hace un poco de frío, aun no ha llovido, pero no tardara mucho. Sofía deambula por el parque junto a su colegio. Acaba de salir. Decide sentarse junto a un anciano que reparte migas de pan a las hambrientas palomas. Es un señor arrugado, viste un traje antiguo y observa atento a las palomas primero y a Sofía después cuando se sienta junto a el.

Tomas lleva un rato sentado y ha optado por entretenerse y desmenuzar los restos de un bocadillo que alguien arrojo al suelo y así entretener a las palomas. El tiempo húmedo se le mete hasta los huesos y crujen de frío. Ya no hace calor y volverá la hibernación metido en casa. Otro año más. Hay una niña hermosa que lo observa y que, decidida, se dirige hacia el y le acompaña en el banco. Lleva uniforme escolar y una pequeña mochila. Es guapa. Sus ojos son preciosos.


- Hola ¿esta libre el asiento?
- Claro ¿como te llamas?
- Sofía ¿y usted?
- Tomas pero no me llames de usted, nunca me acostumbre. su sonrisa multiplica las arrugas de su cara
- Vale - sonríe
- ¿Te has perdido Sofía?
- No. Espero a mi mama, acabo de salir del cole. Tardara un poco. mira alrededor un poco inquieta
- Yo espero a mi hija, también viene a recogerme.
- Me va a llevar de compras y luego al zoo y luego al centro comercial. sonríe alborozada
- Yo iré a casa, veré la tele supongo. mira al cielo
- ¿Todo el día?
- Si, empieza a hacer frío y salgo menos. se acaba el pan y con el la insistencia de las palomas.
- ¿Y no te aburres?
- Creo que ya me he acostumbrado a no hacer muchas cosas… además no tengo demasiadas fuerzas ni ganas de hacerlas. toma su bastón y juguetea haciendo líneas en la arena.
- ¿Por que?
- Por que me canso enseguida, por que soy viejo y me cuesta moverme. Además cuando te haces mayor te vuelves torpe y lento.
- ¿Cuantos años tienes? Yo nueve. afirma orgullosa.
- Yo algunos más, noventa y cinco.
- ¿Eso es mucho no?
- Si. ríe. Es mucho… ¿Tienes abuelos?
- No, mi mama dice que se marcharon al cielo cuando era pequeña. mira al suelo, sus pies cuelgan y se balancean. ¿Tu también iras allí? Mi mama dice que todos iremos.
- Supongo que si, pero a ti aun te falta tiempo para ir.
- ¿Por que?
- Por que aun tienes que hacer muchas cosas.
- ¿Como tu, también has hecho muchas cosas? mira al anciano intrigada. ¿Tienes que hacer muchas cosas para ir al cielo?
- No, no es eso. gesticula con sus grandes manos. Imagina que tienes un solo día para hacer cosas antes de dormir, tienes que aprovechar el tiempo de ese día.
- ¿Y si no te da tiempo a hacer todo?
- Entonces, te sientas en un banco del parque cuando estas tan arrugado como yo y le das de comer a las palomas preguntándote por que no te diste cuenta antes de lo corta que se te hace la vida… deja caer las manos sobre el cuerpo y mira alrededor.
- No se si te entiendo.
- No te preocupes aun eres pequeña.
- No soy tan pequeña, ya tengo novio... alza la voz ofendida.
- ¿A si, como se llama?
- Jorge es de mi clase. ¿Tú no tienes novia, o mujer?
- Mi mujer murió. intenta explicarse y hacerse entender. Se fue al cielo, como tus abuelos… tu tienes sus ojos… se parecen mucho… la mira pensativo.
- ¿Hizo muchas cosas?
- Me hizo feliz, me dio hijos y muchas cosas, buenos cosas…. Pero no pudimos despedirnos. habla con los ojos cerrados.
- ¿Por que?
- No pudimos… una tos repentina le hace llevarse las manos a la boca. una tos ronca. preocupante.
- ¿Que pasa? sofía se asusta.
- Nada. ríe recuperando el habla. Mis pulmones, demasiado humo… A veces aun pienso que vendrá, me besara y así podré irme con ella. Por que es lo último que nos falto por hacer…Jamás me besaron como ella lo hacia… cabizbajo mira su anillo de casado.
Suena una música que interrumpe. es el móvil de sofía.
- Es mi mama. Hola. una voz de mujer al otro lado. Si en el parque. Estoy con un señor. gritos. No es un desconocido, mama, es Tomas, un señor mayor que da de comer a las palomas. mas gritos. No mama, es bueno. Te espero aquí. Sofía cuelga y se guarda el móvil en la mochila. Era mama, mucho tráfico. Dice que no me fíe de ti.
- Bueno, esta bien eso de no fiarse, pero antes, cuando tenia tu edad, todo el mundo se fiaba mas del resto de personas, el mundo funcionaba mejor o al menos eso parecía. Aunque creo que no nos enterábamos de la mitad de las cosas. Todo era diferente, no teníamos móviles, por ejemplo.
- ¿Y como os encontraban o hablabais con la gente? pregunta intrigada.
- Por carta y a mano… se tardaba mas pero al fin y al cabo se decían las mismas cosas.
- Yo mando cartas pero por Internet. declara orgullosa.
- Ahora es todo mas rápido, casi ni se ven las cosas. Demasiado rápido. Pero siguen pasando las mismas cosas, la gente sigue cometiendo los mismos errores, no sirve de nada haber visto morir gente por la “patria” o haber matado por el mismo estupido motivo. Se les olvida haber pasado hambre y se les olvida el que pasa hambre hoy. Se les olvida haber tenido que huir de Tu País, de Tu Casa y se les olvida el que el no la tiene ahora… se les olvida que no tuvieron, ahora que tienen… Siguen habiendo cosas malas y siempre las habrá… y lo peor es que cada vez hay mas cosas malas en vez de buenas, solo que ahora se disfrazan con un traje muy caro… creen que la vida consiste en olvidar… mira a sofía que intenta seguirle sin éxito. Perdona, no entiendes todo esto… son cosas de mayores. sonríe.
- Es cierto no te entiendo.
- ¿Entiendes que no tienes que olvidar nada de lo que ves o sientes?
- Eso si.
- Bien, entonces.
un claxon grita desde la carretera, la madre de sofía a llegado. Aparca y sale del coche. Mira a su hija nerviosa, pero se relaja al ver como se levanta y sonríe.
- Bueno - se gira hacia tomas - Tengo que irme.
- Adiós Sofía me encanto conocerte.
- Me gustaría verte mas, eres simpático. sonríe.
- A mi también me gustaría hablar con tigo otro día.
- Estarás aquí mañana.
- Espero que si.
- Seguro que hace mas frío. Te traeré una manta.
- Vale. asiente Tomas.
el claxon de nuevo.
- Pásatelo bien en el zoo.
- Gracias Tomas ¡hasta mañana!
- Hasta mañana.
la niña se dirige hacia su madre pero se detiene, se gira y vuelve junto al viejo. Se sube de pie en el banco y le da un beso en la mejilla.
- Asta ahora - susurra con una voz diferente pero de sobras conocida.
el beso es ternura, como el amor verdadero.
el anciano, con los ojos cerrados recuerda, en un segundo, lo bueno y lo malo, los problemas, el hambre, la juventud, la guerra, la perdida, sus hijas, todos sus nietos y cada segundo que paso junto a su esposa… y el amor, sobre todo el amor.
Después una suave brisa se lleva las migas de pan del suelo, las nubes grisáceas, todas las sombras, los recuerdos y el último suspiro de Tomas… y lo eleva todo, hacia el cielo.
este relato esta dedicado a una persona que se fue y de la que no me despedí.

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